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Compartir
(Del lat. compartīri).
1. tr. Repartir, dividir, distribuir algo en partes.
2. tr. Participar en algo.

Todo apunta a que ésta va a ser la palabra del siglo: compartir = dejar participar a otros en lo que es de uno = usar dos o más personas una misma cosa…

Antiguamente (hace más de 15 años!) existía un miedo generalizado a compartir datos. La información se almacenaba en discos duros y/o en disquetes y permanecía allí hasta que formateabas el soporte. De acuerdo, eran otros tiempos. Tiempos en el que el ordenador personal poco a poco comenzaba a tener su espacio propio en casa además de la oficina, tiempos en que la familia descubría aquel sistema de ventanas llamado Windows que se encargaba de gestionar programas y documentos electrónicos. Wooow!

Me puedo considerar afortunada por haber vivido la explosión social de la era informática (porque los computadores en sí ya existían desde los años 40!) y el nacimiento de la era de las comunicaciones digitales. Y todo esto en los últimos 15 años!

Hoy en día si no compartes información no estás en la onda. Ha llegado un punto en que la sociedad está interconectada a través de una pantalla (porque ya no son necesarios los cables!) creando así una red de millones de personas que continuamente comparten todo tipo de información y conocimiento. Es la llamada sociedad de la información.

Quién nos iba a decir, hace dos décadas, que podríamos comunicarnos con alguien de la otra punta del mundo a tiempo real y compartir un archivo de aquellos que hace 15 años guardábamos como oro en paño en un disquete? Es increíble lo que esta red, Internet, nos ofrece en la actualidad y lo que nos deparará en los próximos años. Porque al paso que vamos, todo es posible!

Pero al mismo tiempo que alabo las grandezas de esta tecnología, también me preocupo por sus puntos ¿débiles?, ¿negativos?, ¿mejorables?. Me refiero a la pérdida de privacidad, a la falta de intimidad, a la ausencia de autocontrol. Sí, ya sé que compartir también significa dejar de poseer y, por lo tanto, perder (parte de) poder pero creo que éste un reto que hay que afrontar para llegar a niveles de excelencia.

Y a qué venía esta reflexión filosófica sobre el pasado, presente y futuro de la era digital? Pues muy fácil…

Todo ha comenzado esta mañana cuando, al encender el ordenador del trabajo y abrir el iTunes, he encontrado la carpeta de música compartida del director de la biblioteca y de diferentes compañeros del edificio. Después de curiosear un rato y descubrir los gustos musicales del personal, he recordado la cantidad de páginas web a las que estoy subscrita y con las que comparto información: WordPress, Twitter, Blip.fm, Tumblr, Last.fm

Y aquí llega mi dilema cibernético: la pérdida de privacidad de la que me quejaba anteriormente es involuntario o, por el contrario, deliberado? Cabe decir a todo esto que estoy dada de baja voluntariamente allí donde no puedo controlar mi información (véase Facebook)…

Así pues, a modo de Abstract Tags podría definir el siglo XXI (principios, claro está!) con las siguientes palabras: compartir, pérdida de privacidad, voluntad.

Y tú, qué opinas? Comparte tu información!

Declaración de juzgado

Visto en miniManel

Hay 2 cosas en esta vida que nos indica la llegada del buen tiempo: la vestimenta y las motos. Sí, quizás estás pensando que el tema del ropaje es obvio a la par que evidente. Y efectivamente, así es! Cuando el Lorenzo aprieta, lo normal es desprenderse de botas y sobretodos para refrescarse y estremecerse con la brisa primaveral. Otros también lo hacen para lucir palmito y modelito, pero eso ya es harina de otro costal…

Y al igual que las lagartijas se ponen al sol, los caracoles salen tras la lluvia y las moscas pululan cuando un perro defeca en mitad de la calle, las motos hacen lo propio con la llegada del buen tiempo. No, no estoy comparando las motocicletas con lagartijas, caracoles y/o moscas, sencillamente porque los moteros no tienen cola, ni cuernos ni mucho menos alas la visión de las moscas.

Todo esto viene porque, desde el momento en que los días se alargaron como chicles de fresa, un alud de motos se desplaza diariamente por calles y autopistas en dirección a la gran ciudad (la tierra prometida?) sin tener en cuenta aquello tan valioso y efímero llamado “vida“.

Quizás en ese sentido sí que se podrían comparar las moscas con las motocicletas, por aquello que van volando a su destino. Pero la sutil diferencia es que los insectos no se estampan (literalmente) contra ningún obstáculo por más de imprevisto que sea.

¿Y qué pretendo decir con todo esto?
Que vigilen un poco los motoristas que circulan por las autopistas, que se piensan que están jugando a PlayStation 3 driblando entre coches con adelantamientos imposibles a mil por hora. Sólo una cosa: no por correr más se llega antes.
Motoristas
He dicho.

… se acabara la pila (o la cuerda) de todos los relojes del mundo?

El tiempo perdido

Pero no al mismo tiempo, eh! Me refiero a que, con distintos minutos y segundos de diferencia, poco a poco se fuera parando el tiempo de todos y cada uno de los relojes de pared, de pulsera, de electrodomésticos, solares (sí, solares también: imagínate que se nubla de repente!), etc.

Cómo volveríamos a poner los relojes en hora otra vez si perdimos la referencia a nivel mundial? Podríamos saber la hora aproximada, sí, pero los minutos y segundos exactos?

__________

Esta paranoia que acabas de leer me ha sobrevenido mientras bajaba en el ascensor de camino al trabajo y buscaba la hora en mi muñeca izquierda. La buscaba, sí, pero no la encontré. La pila se había parado y el reloj había dejado de marcar el tiempo a las 3:38 aproximadamente (digo aproximadamente porque la esfera no tiene números).

Qué imaginación de buena mañana! Ahora en serio: ¿qué pasaría? Nos extinguiríamos como especie humana? Inquietante.

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